Editorial: Palabras del Prof. Ariel González en la Inauguración de la Semana de la Seguridad Acuática 2017

 

Estimadas Autoridades Gubernamentales, Ministeriales, Municipales, Militares, Institucionales, panelistas invitados y participantes de la Semana de la Seguridad Acuática:

 

La Asociación Nacional de Guardavidas agradece al Sr. Intendente de Montevideo, Ing. Daniel Martínez, al Prof. Daniel Leite, Director de la Secretaría de Recreación y Deportes de la Comuna y a la Secretaría Nacional de Deportes de la Presidencia de la República, por abrir las puertas de esta casa y propiciar la oportunidad de profundizar y concientizar en la problemática del ahogamiento.

 

Agradezco el privilegio de iniciar este encuentro. El tema de la seguridad y bienestar ciudadano, surge a medida que la gregariedad global posmoderna, desarrolla colectivos cada día más complejos, nutridos y diversos, donde algunos de los antiguos modelos de convivencia, se muestran disfuncionales y hasta obsoletos.

 

La situación de la seguridad acuática, no puede abordarse con el paradigma del pasado siglo, donde los uruguayos vivíamos mayormente de espaldas al mar y con la visión accidental y auxiliar, donde la víctima era considerada como un objeto inerte e inerme, en la intervención oportuna del socorrista.

 

En un país bendecido con abundantes espejos de agua y el aumento de las oportunidades mediáticas, educativas y recreativas, nos obliga hoy a desarrollar nuevas estrategias de planificación y operatividad precautorias. Particularmente, el concepto ampliado del Derecho de cada humano a la Recreación y las ofertas en el Turismo interno local, nos desafían a otorgarle a la familia oriental y especialmente a los niños, el pleno disfrute del ocio acuático, como sujetos y no como meros objetos de auxilio. Nos convoca la solidaridad y el cuidado que como humanos y profesionales debemos a nuestros semejantes.

 

Me gustaría contarles una experiencia aprendida en el espíritu solidario de las talasocracias polinésicas y el MALAMA hawaiano. Malama kekahi i kekahi . Que quiere decir: “Cuida a uno, cuida a todos” o más bien “Cuídate a ti mismo y cuida a los demás.”

 

Con mi esposa Norma somos asiduos veraneantes de La Paloma. Nuestros cinco hijos aprendieron allí a nadar y surfar. Un día de Enero del año 1994, como era usual, bajamos bien temprano a la playa, hoy llamada irónicamente La Serena, justo frente al pecio hundido Corumbá. Salieron todos disparados al agua con sus tablas y yo quedé a cargo del resto del equipo. Subiendo los médanos, escucho unos gritos desgarradores y mis hijos que llamaban. El escenario era éste: Pablo y Seba remaban acelerados mientras Mariana corría en dirección al pecio con su tabla. Allí, por ambos lados de la enorme biela del buque brasilero naufragado en 1874, escapan usualmente fuertes corrientes de retorno y ese día de olas grandes, dos cabezas eran succionadas mar adentro y luchaban por volver a la arena. “!Dejame! ¡Salvate vos! ¡Volvé!” Gritaba uno. “¡Aguantá papá! ¡Ya voy! ¡Aguantá!” gritaba el hijo, sin notar que también él se ahogaba. Había oleaje perfecto para el surfista esa mañana, pero no para turistas desprevenidos. El volumen de agua ingresado a la ribera, escurría con velocidad por las canaletas hacia el horizonte. “¡Andá volvé!”… “!No papá, no te dejo!”…Los gritos eran cada vez más espaciados y débiles. Los dos, ya al borde de la fatiga, estaban siendo arrastrados más allá del segundo banco, cuando Mariana ayuda al hijo a regresar hasta dar pie y vuelve conmigo por el padre.

Desorbitado, babeando y en estado de shock, se aferra a la tabla y lo remolcamos a la playa. Descansamos todos y esperamos su recuperación. No es grato sentir el abrazo de la muerte y menos en un casual día de vacaciones. Ver volver al padre e hijo abrazados, fue la mejor recompensa de ese verano para nuestra familia. Pero la lección no terminó allí. Mientras comentábamos el incidente, notamos con sorpresa la presencia de una pareja recostada a la duna, tomando mate con bizcochos. Eran del coche que vimos estacionado a nuestra llegada. Habían presenciado todo el rescate, sin moverse siquiera a preguntar, ofrecer teléfono, coche o palabras de ánimo, al desesperado hijo llorando en la orilla. Esa noche nos felicitamos por las dos vidas abrazadas, pero sufrimos por los dos muertos que dejamos sentados allá en el médano.

 

El Prof. Nelson Clavera, nos dará luego, la justa dimensión estadística del problema. La preocupación mostrada por la Organización Mundial de la Salud y transmitida a los Dignatarios presentes en la pasada Convención de la Salud realizada en Montevideo, demuestra que todos los sectores involucrados en la salud integral de los ciudadanos, deben ser proactivos al evaluar los paradigmas obsoletos del pasado y participar en la formación de nuevas y originales medidas preventivas del ahogamiento.

 

En estos tiempos de profundos vacíos morales, surge el ejemplo de Jorge Cequeira, contagiando a los surfistas brasileros el impulso del malama, para que acudan al auxilio del bañista en apuros. El de los Profs. Cisco Araña y Lucas Fruet acercando el poder sanador del mar y sus olas a ciegos y parapléjicos. El de la Prof. Ana Ortiz y el Gv. Gustavo Fungi, que a diferencia de la mayoría de nosotros, van más allá de marcar tarjeta y llenar horario, renunciando a sus tiempos personales y familiares, para concretar programas como el que hoy se inicia y los de Guardavidas Junior, Todos al Agua, Soñando sobre las Olas y de inclusión acuática. El de los Profesores Juan Carlos Mendiola y Gonzalo Eiris, los primeros en incluir al surfing en la currícula de la Escuela Pública uruguaya.

 

Nuestros niños y jóvenes, nuestros hijos y nietos, hoy se preguntan: ¿consistirá la vida solamente en competir, acumular y especular? ¿Existirá algo más allá en nuestro futuro, que el trabajar, producir y consumir? Si hay un legado trascendental que nuestra generación hoy pueda ofrecerles, es que sí, que la vida es mucho, pero muchísimo más que eso. Que la relación con la Naturaleza es regocijo y que la solidaridad es eje fundamental para que las relaciones humanas perduren y mejoren.

 

Los invito pues a participar y aportar ideas y estrategias en este encuentro, ya sea desde lo personal o institucional, que nos ayuden a establecer políticas efectivas en la prevención del ahogamiento.

 

Mahalo.

 

 

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